domingo 11 de abril de 2010

Conversatorio virtual entre el autor de la novela RISA y sus lectores en la Universidad de Western, Canada.

El pasado 8 de abril de 2010, Edilson Silva dialogò con su lectores de la Universidad de Western, Canada. Abrio el foro virtual con el siguiente texto:

Hablar de mi novela como si no fuera mía: distancias

“Hice una novela de la cual resta tiempo para que yo abdique de ella, de la cual vaya a arrepentirme pronto, porque los hechos reales me demuestran cada día la abyección y postración de nuestro pueblo. Porque su representación es simbólica y apocalíptica, el extermino de la RISA”

Quizá el ejercicio del distanciamiento nos permita alumbrar la forma de de la novela, entendiendo aquí, la forma como esa actividad configuradora que dota de sentido el mundo a través de todas la mediaciones, personajes, lenguaje, espacios, pero que para el escritor en su acto íntimo de la escritura, ya no son medios, simples posibilidades, sino que en el acto de la escritura se mezclan, se entretejen, se hacen emoción, biología, locura incluso, deshago, ritmo, movimiento, algo vertiginoso que se escapa del escritor y lo obligan en un momento de su historia personal a ser de una manera, a tomar una posición frente al mundo, a suplir una necesidad. Seguramente las posiciones pueden variar a lo largo de su historia, de ahí, que muchos escritores abdiquen de sus primeras obras, o que jamás vuelvan a escribir, y empiecen a sufrir del síndrome de Bartleby como bien lo ha trabajado el escritor español Enrique Vila Matas en su novela Bartleby y compañía.

Yo me he preguntado si sería preciso abdicar de esta novela intitulada RISA, escrita por mi mano. Mi respuesta es no, no por ahora, sin que antes haga sus estragos, del mismo modo que lo hizo conmigo cuando la escribí. Yo no escribí esta novela por el placer de escribir una novela, o en su defecto su placer estaba ligado a un acto de locura, que cumplía el efecto de liberarme del mundo que me estaba ahogando. Yo, entonces, me he preguntado por las razones que me llevarían a abdicar de esta novela, que no es otra cosa que el miedo a equivocarme como escritor, como creador de un universo simbólico representado en el lenguaje, entonces voy a dar algunas razones:

1. El miedo a que una novela como ésta sea tildada de panfletaria: El realismo Ruso, las dictaduras, la Historia en sí, como advierte Barthes ejercen una poderoso cerco ideológico a las producciones artísticas, crean literaturas políticas. Mi gran temor me asaltó mucho después, cundo pensé que quizá por hacer una novela con una posición que intenta desquebrajar esos cimientos hegemónicos de la política colombiana, se estuviera igualmente cercando la escritura. Sin embargo, Barthes, lo mismo que Bajtin, han advertido que una escritura completamente amodal es imposible, pues toda escritura lleva implícita una evaluación de mundo, una ideología. Yo tengo que decir aquí, siguiendo a Lukács, que la novela es el género del desamparo, veamos cuáles son algunos de esos desamparados:

· Una mujer canta Te busco, canción de Celia Cruz, parada en cualquier esquina de la séptima, y al narrador, uno de los personajes le parece que esa versión de la doble de Celia Cruz, es más real, desesperada y desgarrada. Quizá cantarla en la Habana, o en Miami, en otro contexto tenga otras significaciones, pero en Colombia la desaparición ha sido el verbo rector de la existencia, masacres de campesinos indefensos e inocentes en medio de una guerra en la cual ellos llevan la peor parte; ejecuciones extrajudiciales como las de políticos, sindicalistas, humoristas, periodistas, estudiantes, como si las judiciales fueran legales; falsos positivos o muerte de jóvenes trabajadores, incapacitados mentales que bajo una política de recompensas y ascensos salariales son presentados por los militares como “trofeos” de guerra; secuestro de comerciantes, soldados, sacerdotes, maestros por parte de grupos de paramilitares, terroristas aliados de la ultra-derecha política, y guerrilleros, cómplices también de la ultraderecha, que con sus acciones legitiman una falsa política de Estado llamada “Seguridad Democrática”, que imparten el miedo y el terror entre la población como forma de gobernabilidad y que permiten una política de las emociones, legitiman la manipulación que hoy se hace alrededor de palabras vacías como “la paz”, “el bienestar”, “La justicia social”, banderas de manipulación de la esperanza para los colombianos.

· Ese es en parte del mundo convulso en el que se mueven los personajes. Es el cronotopo histórico de Colombia, del espacio que se dibuja en ella.

· Una historia escéptica y trágica como la del personaje Futuro Jorge Eliecer, un joven sobreviviente del exterminio del resguardo de hombres valiosos. Un Futuro ciego, alguien que se saca un ojo, una posición radical y trágica, desde la cual se quiere escapar a la barbarie que nos habita.

· Un personaje que se escapa del país para huir de los propios colombianos, pero que ya en España se encuentra irónicamente, no solo con la pobreza física en las Barranquillas de España, sino con la pobreza mental. Un ser humano que subvierte los valores morales de la sexualidad, que hace un doctorado trabajando como “chapero”, pero que al final siente la necesidad de resguardarse en su país, en su casa, pese a todo.

· Una mujer, Marinita, un ser esquizofrénico que intenta escapar a su pasado, desdoblándose intentando ser otro. Una mujer que huye de sí misma tras el supuesto asesinado un hombre estadounidense.

· Un colectivo de jóvenes que tratan de unir sus fuerzas para levantar sus voces en contra de la barbarie del Estado, que esbozan formas de reconstruir una historia, y hacer un proyecto imposible, fragmentado. Seres humanos que buscan su sentido en esta historia: RISA, (Revolución Intelectual Sin Armas, Revolución Intima…etc)

2. Finalmente, yo hubiera querido hacer una novela de la Risa, como Gargantúa y Pantagruel de François Rebeláis, pues como sabemos, la RISA como categoría novelesca subvierte los discursos oficiales, serios, ortodoxos, verticales, oficiales, apolíneos, conservadores, racionales y asfixiantes, por el contrario, el discurso de la Risa es un discurso de la fiesta, lo dionisiaco, del destronamiento, del mundo al revés, del carnaval, de la emoción y lo dionisiaco. Como digo, me hubiera gustado hacerlo así, sin embargo la novela atestigua que en Colombia la risa ha sido asesinada, como en el caso del humorista Jaime Garzón, y que en la novela aparece como un recuerdo transversal, una imagen que vive a retazos entre sus personajes, un vago recuerdo que finalmente ha sido asechado por la muerte. Un crimen que siempre queda cubierto por un manto de cinismo político, escudado en de esos grupos terroristas que dan muerte a diestra y siniestra, pero que limpian la responsabilidad de los verdaderos culpables. Risa es un intento por construir un mundo utópico en medio de ese universo demoniaco, degradado y perverso que asfixia la vida, la verdad, la razón, la justicia. Quizá en esa utopía que aspira todo personaje novelesco para ser él mismo, quizá ahí se encuentre presente mi compromiso como escritor, que no logra abandonar el de ciudadano, que no logra del todo abandonarse a la sola literatura y que en esta novela no logra reducirla a su inutilidad, al mero placer y el goce, como me gustaría hacerlo en algún momento.

3. Yo no quise hacer una novela plagiaria, que fuera fácil de leer, que contara las historias de matones o “traquetos”, plagiaria, que solo ofreciera un menú espectacular, por el contrario, yo quise hacer la historia de seres anónimos, seres que se novelan, se existencian, se historizan, se biografían como formas de reconstruir un relato fragmentado históricamente.

4. Finalmente, hice una novela de la cual resta tiempo para que yo abdique de ella, de la cual vaya a arrepentirme pronto, porque los hechos reales me demuestran cada día la abyección y postración de nuestro pueblo. Porque su representación es simbólica y apocalíptica, el extermino de la RISA.

Edilson Silva Lévano

Bogotá 7 de abril de 2010.


sábado 21 de marzo de 2009

Entrevista al Escritor Edilson Silva Liévano

RISA, Una novela virtual

Por Fernando Betancourt y Carlos Gutierrez.


Hacia el mes de abril de 2009 el escritor colombiano Edilson Silva Liévano, publicará su primera novela. RISA, ese el nombre con el que esta novela virtual se abre paso en las autopistas comunicativas del siglo XXI. Publicamos esta entrevista que dio para el periódico universitario La ventana de la U, de la universidad Cooperativa de Colombia, seccional Bogotá.


1- ¿Qué lo llevó a cambiar de escribir cuentos infantiles a esta novela, que como usted lo menciona en la reseña tiene un lenguaje ácido, recalcitrante… narrando la vida de personajes bastantes coloquiales?

Edilson Silva L: Sí, digamos para mí la literatura infantil es un espacio donde no tengo las presiones y los rigores que exige una novela, sobre todo cuando hago cuento infantil, hacer una novela es otra cosa, y no fácil, por cierto, pero es que yo tenía cosas atravesadas en el pecho, y la elección no tenía alternativa, o las decía o simplemente me callaba para siempre, y en este momento creí necesario no darle la espalda a la realidad de mi país, entonces me decidí por la novela. Cuando terminé de escribirla pegué un grito porque con esa farsa, que de alguna manera fue lo que quise hacer, sentí libertad interior. Ya lo dije.

2- ¿Qué efecto desea ocasionar a los lectores de novela?

E. S. Bueno, casi nunca me preocupo por ese aspecto, pese a que la escritura literaria también conlleva ese aspecto comunicativo, es decir, un narratario, y no me gusta atarme mucho a la hora de escribir, porque reconozco que para uno poder escribir debe creer que la literatura, como dice Bataille, tiene algo o mucho de inutilidad. Entonces la novela está armada sobre cosas que dice la gente, sobre imaginarios de los novelados, pero en el fondo había una sensación de escepticismo por las verdades que pretenden cada día los políticos que uno crea, o lo que se transmite por los medios, o las mentiras que se quedan en el aire flotando como verdades. Entonces yo quería no hacer un rastreo periodístico o una reconstrucción de los hechos, por ejemplo, con la muerte de Jaime Garzón, o la otra que se menciona, la Jorge Eliecer Gaitán, yo simplemente quería poner esa dosis de escepticismo que queda en la gente cuando se dan a conocer los veredictos oficiales sobre los crímenes de Estado, por ejemplo, la gente sabe que no es cierto, y sin embargo olvida, quizá es simplemente eso, un llamado a la memoria, porque una muerte como la de Jorge Eliecer Gaitán, o la muerte de Jaime Garzón resumen la tragedia de este país. Yo no sé si a la gente eso le irá a quedar claro, porque uno nunca sabe lo que son capaces de leer los lectores.


3- Usted como uno de los personajes y escritor de la novela, desde su punto de vista ¿qué mensaje le manda a sus lectores para que sigan riéndose por el mundo a pesar de ver todas sus desventajas o complicaciones…?

Yo no diría que soy un personaje dentro de la novela, creo que hay un escritor dentro de ella, y quizá eso me haga aparecer ficcionalizado. Sí, la novela se llama RISA, pero es una farsa, creo que lo menos hacen los personajes es reírse, y cuando la lean sabrán porqué. Sin embargo, yo considero que el humor es algo fundamental en el ser humano, lo que la novela propone es que no podemos quedarnos simplemente en la risa, en la carcajada sino que es necesario pensar la risa, darle su papel carnavalesco, la posibilidad de crítica que tanto le hace falta a este país, pero la gente se queda en el chiste, eso es otra cosa. Y bueno, un hombre que aún pude reírse es un hombre sano, así que si usted es de los dejó de reírse, pienso que está enfermo, pero es que en Colombia, cada vez nos acercamos a lo último. No es tan cierto, como dicen por ahí, que Colombia es el país más feliz del mundo.


4- ¿En qué estaba pensando usted cuando decidió escribir la novela y qué lo hace tomar esta decisión?

Yo estaba pensando muchas cosas, y también pasaba muchas crisis, sentí que si no escribía la novela iba a morirme, ahora sí puedo morirme, y en paz. Siempre es un a acto de valentía, pero Séneca decía, si quieres ser escritor, escribe, y bueno, ya lo hice, es como haber engendrado un hijo durante tres años. La verdad es una gestación lenta, y de maduración, es mi primer hijo en ese género, y lo tomo con mucha calma. Así como en la vida, los hijos le permiten madurar a sus padres, así me siento yo. Además esta versión es la última, la primera, que se llamaba de otra manera, se nos perdió una noche en un taxi, es una desaparecida más, ojala que esa persona cuando lea ésta, descubra que es hija de la que tiene en sus manos y de la cual, creo que ya no conservo ninguna copia.


5- ¿Cuál fue el primer comentario para su novela?

Es que esto es muy curioso, aún la novela no está en circulación, pero a mi agente literario en México, le apreció que el lenguaje era poderoso, creo que es el primer comentario.


6- ¿Por qué cree usted que se debe leer esta novela?

No, no quiero dar ese tipo de justificaciones, simplemente, cada lector tiene que elegir, iniciarla a leer y si considera que no encuentra nada en ella, tirarla, pero yo creo que he hecho una literatura que no es de “entre acto” como dice mi escritor favorito, Enrique Vila Matas, el español.

7- ¿Qué pensó y cuál fue su primera opinión al haber terminado su novela?

Yo no pensé, me puse triste, me quedé triste días enteros porque durante tres años este proyecto me dio sentido, y en ese proceso conocí gente maravillosa que prestó sus vidas para que yo construyera los personajes. Bueno, después pensé, ojala salga a la luz algún día.


8- ¿Por qué decide terminar la novela finalmente, ya que como lo dice en la presentación que usted había prometido hace tiempo hacerla, qué se lo impedía?

Lo que me impedía era el tiempo, porque una novela requiere mucho tiempo, y también a veces uno puede perder la ilusión, eso es una batalla que uno libra cada día, escribe y luego tira a la basura, porque el tono, el lenguaje, lo que sea que está buscando no le gusta. Entonces llega un día en que uno pone un punto final, y se dice, bien o mal, no sé, pero no va más, y empieza a despedirse de los personajes, llora con ellos, busca la salida más digna, la que por fuerza les pertenece, no la que yo quiero imponerle, ahí hay que tener en cuenta lo que sus vidas han decidido, no es tan fácil, es que no son solo personajes, o mejor dicho, son personajes, pero son sus amigos, o sus enemigos, sus amantes, sus hermanos. Yo soy muy sentimental en ese sentido.


9- En estos momentos tiene algún temor con su obra ¿cuál es y por qué?

A veces uno se pone a pensar qué va a decir la gente, pero eso me preocupa mucho, yo soy sínico en ese sentido, si la mentira se pasea como una verdad histórica, mi novela, género de la ficción es una mentira novelada que construye su propia verdad, o mejor su propia ambigüedad, porque la verdad no puede ser su preocupación, de la verdad que se ocupen los fiscales, ellos sí que tienen esa función, mi novela juega con la realidad y no se la deja imponer, creo que más bien deconstruye como cuando el personaje dice que primero escuchó el grito ¡Mataron a Gaitán!, pero que luego sonaron los tres disparos. Eso históricamente quizá no sea cierto, pero esas dos frases introducen el escepticismo, la ambigüedad de cualquier afirmación que al respecto se haya dicho, y es como sucede en este país, y que también lo dijo Gabo, la muerte siempre está anunciada.

10- ¿Para qué personas está dirigida la novela?

Buena pregunta, pero creo que debe leerla quién pueda leerla, quizá a los jóvenes el lenguaje desacralizado los atrape, y quizá a los moralistas los asuste, pero es que en literatura no tenemos palabras morales, imponerle una moral al lenguaje es asesinarlo, sería lo último que yo haría, sumarme a los asesinos. Yo quiero que la lean, especialmente los políticos, los profesores, los alumnos, los jóvenes, los curas que se niegan a aceptar el erotismo y la homosexualidad. Yo quiero que la lea todo el mundo, porque por eso la escribí, y a los niños también se les puede leer, acompañado de un adulto responsable, es decir, alguien que sea capaz de explicarle la historia. Porque esa sí que es una responsabilidad, igual para ellos, los niños, escribo otras historias que les devuelvan la imaginación, la fantasía y el gusto por vivir. No, mejor cambio de opinión, a los niños hay que permitirles viviralegremente y en conciencia. Si no hay conciencia desde pequeños, no esperen nada de ellos cuando grandes, creo.

11- ¿Qué espera de esta novela y qué pueden esperar sus lectores?

Que la lean, que genere debate y levante críticas, espero que esta novela me enseñe cómo hacer una novela. Eso es todo. Los lectores pueden esperar cualquier cosa, no sé lo que esperan los lectores ,y no puedo ofrecerles sino lo que hay ahí escrito, simplemente les digo, no escribo como Santiago Gamboa ni como Efraín Medina ni como Paulo Cohello, escribo como puedo escribir, sin tapujos, líbre y responsablemente. Yo no cuento historias truculentas, ni historias de matones, la literatura no está en la fábula, su valor estético no radica ahí.

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sábado 28 de febrero de 2009

Entrevista al escritor Edilson Silva Lièvano

Por Fernando Betancurt y
Carlos Gutierrez

Fragmento de la novela Risa

NOVELARSE, VOLVERSE PALABRAS





He venido caminando por la carrera séptima, es viernes de septimazo, la gente saca a la venta los cachivaches viejos y arma un mercado de pulgas que va hasta la calle diecinueve. Uno tropieza con un show de raperos lo mismo que con una doble de Celia Cruz interpretando Te busco, mejor que la propia Celia. Me gusta esa forma desesperada de la mujer desconocida, parece más real, se me pega la melodía...te busco perdida entre sueños, el ruido de la gente te envuelven en un velo…te busco volando en el cielo, el viento te ha llevado como un pañuelo viejo… y no hago más que rebuscar paisajes conocidos en lugares tan extraños, que no puedo dar contigo. De pronto una chica de gafas oscuras y el rostro cubierto con un fullar choca conmigo. Es extraño, pienso, que aquí los talibanes le orden llevar su rostro así. Me gusta imaginar cosas tontas y ridículas, por ejemplo, esa chica planea un homicidio, quizá un crimen pasional, o no, mejor un crimen político, un secuestro, no, ya sé, simplemente es alérgica a los ácaros que saturan el aire con tanta cosa vieja tirada en la calle, no lo resiste. Pero que cosas pienso, si la chica de gafas es sencillamente una linda ascensorista que ha pasado el día subiendo y bajando metida entre ese vetusto aparato, soportando los chistes verdes que hacen los joyeros del piso alto, a veces se le acercan demasiado fingiendo apretura, le rozan sus vergas erectas en sus muslos nutridos, ella trata de rechazarlos, quizá hoy, después de meses en el ascensor va caminando de prisa para no perder una cita en un lugar secreto con un chico diez años menor que ella. Qué se sabe del mundo, es así simplemente, se va y se viene, y ahí están de nuevo esos fastidiosos mimos que la otra vez me imitaron y yo los espanté con mi paraguas, pero ellos más ágiles o más acostumbrados a leer las respuestas de los transeúntes adivinaron mi gesto de sombrillazo y lo hicieron primero que yo. Así que he terminado como el mimo de los mimos, mejor que no me reconozcan. Vaya canallada, me han hecho triza entre los aplausos y las risas de la gente, yo también les he sonreído malhumorado, sólo para disimular.

Sí tan sólo alguno de ellos quisiera venir a novelarse, a volverse palabras. Me detengo a ver un espectáculo de tango en la Plaza Santander. Esa chica tiene piernas de jirafa, me gustaría que mis manos fueran las del bailarín para acariciar sus muslos apretados entre esas medias de maya; acercar mi boca tato como la de él, llevarla en un dos por cuatro rítmico, cadencioso, peligroso, dominarla, doblegarla, respirar su perfume. Sí me acercara y le dijera, oye cuéntame tu vida para ponerla en una novela, seguro me tomaría por loco, sólo a un tipo así se le ocurriría tal empresa.

Estoy frente al edificio republicano que antes fue sede del diario El Tiempo y ahora es un canal de televisión, pero en el sótano uno puede conseguir las ediciones pasadas del periódico. Esta calle, la avenida Jiménez, está plagada de sótanos, y pasadizos secretos. Antaño, por los ochenta, aquí funcionó una escuela de arte dramático, pero ahora las instalaciones sufren el drama de podrirse por la humedad. El anciano que atiende me mira con agrado, como si fuera yo una lotería que acaba de ganarse, es viejo, encorvado, con una barba blanca chamuscada por el cigarrillo y amable.

─ ¿Y en qué se le puede servir al joven?
─ Quisiera la edición de enero de 2004 ─ le digo mientras trato de soportar el olor a moho, de pronto yo mismo tengo la sensación de haberme vuelto viejo, de ser el anciano. Ahí arriba, justo encima de donde estoy, frente a lo que ahora es un Mc Donalds mataron a Jorge Eliécer Gaitan, en el 48, claro, vaya tiempo de mierda, la algarabía del septimazo me parece la misma del bogotazo. Imagino que la ciudad se está incendiando, y la verdad, creo, la harían bien en volverle a meter fuego. Qué pase algo, que algo suceda, que algún novelado se decida a llamar.
─ Aquí está joven, ¿busca algo especial?
─ Sí. Los clasificados.
─ Y de risa, ¿no va a llevar nada?
─ Qué es eso de risa, no, claro que no.
─ La gaceta, usted sabrá…
─ No. No sé, ¿la edita EL Tiempo?
─ No, es que pensé que seguramente usted era uno de esos chicos que a veces viene a buscar la gaceta, pero no, no, no hay. Aquí no la vendemos.

Voy subiendo los escalinatas y afuera la ciudad vuelve a la normalidad, mientras tanto abro los clasificados, ahí está el clasificado: <>. Me río, me dan ganas de reírme de mí mismo, no sé porqué dejé tanto tiempo en leer algo por lo que pagué mucho dinero. Pero ahí está la evidencia de una oportunidad abriéndose al mundo. Quiero ponerlo en grande, anunciarlo en Internet, gritarlo. Ahora el periódico se ha puesto amarillento, eso pasa siempre que con el papel del periódico, las páginas se ponen descoloridas, la tinta se corre, las hojas se desparraman en cualquier basurero. La gaceta Risa, qué idiotez ha dicho ese viejo, bueno, un día de estos paso y se la compro. Seguro el viejo la vende, pero al final le ha dado por hacerse el pelotudo: <>.

Novela virtual: Risa

RISA (reseña)



Risa cuenta la historia de un escritor que cansado de no hacer nada ante el mundo que le toca vivir decide publicar un aviso clasificado buscando personas dispuestas a novelarse. Es así como arriban a su estudio Marina, una joven que supuestamente ha cometido un homicidio para vengarse de la traición de un sujeto norteamericano, por cuya culpa ha pasado cinco años en una cárcel de Manhatan; también hasta sus inexpertas manos llega un joven punteño, único sobreviviente del exterminio de los habitantes del Punto, que relata su decisión trágica de extirparse un ojo para no ir a la guerra. Luego de las primeras conversaciones con los dos primeros novelados los personajes abandonan al novelista por descubrir que es un ser incapaz de comprometerse con la vida y de poder explicar las complejidades del ser humano. Ante este improvisto el novelista se verá obligado e emprender una búsqueda por descubrir qué sucedió realmente con los personajes. Siguiendo las crónicas publicadas en la gaceta RISA el novelista descubre que los personajes pertenecen a un colectivo de adolescentes universitarios que se hace llamar RISA (Revolución Intelectual Sin Armas) y que planean la “Gran Toma”. Tras los sucesos acaecidos en la “Gran Toma” los personajes de la novela son desaparecidos por el escuadrón ANTIRISA, pero se salvaran solo los dos personajes iniciales que como una construcción metafórica plantea el amor como salvación a la barbarie moderna y la lucha obstinada por la defensa de la dignidad de los pueblos.

Con un lenguaje ácido, recalcitrante, desacralizante; en una estructura no lineal y bastante posmoderna; acudiendo a varios puntos de vistas y a muchas voces el autor logra someter a juicio tanto la historia local colombiana de una guerra no declarada que dura ya más de cien años, así cómo la represión ejercida por el totalitarismo democrático del siglo XXI.