Hablar de mi novela como si no fuera mía: distancias
“Hice una novela de la cual resta tiempo para que yo abdique de ella, de la cual vaya a arrepentirme pronto, porque los hechos reales me demuestran cada día la abyección y postración de nuestro pueblo. Porque su representación es simbólica y apocalíptica, el extermino de la RISA”
Quizá el ejercicio del distanciamiento nos permita alumbrar la forma de de la novela, entendiendo aquí, la forma como esa actividad configuradora que dota de sentido el mundo a través de todas la mediaciones, personajes, lenguaje, espacios, pero que para el escritor en su acto íntimo de la escritura, ya no son medios, simples posibilidades, sino que en el acto de la escritura se mezclan, se entretejen, se hacen emoción, biología, locura incluso, deshago, ritmo, movimiento, algo vertiginoso que se escapa del escritor y lo obligan en un momento de su historia personal a ser de una manera, a tomar una posición frente al mundo, a suplir una necesidad. Seguramente las posiciones pueden variar a lo largo de su historia, de ahí, que muchos escritores abdiquen de sus primeras obras, o que jamás vuelvan a escribir, y empiecen a sufrir del síndrome de Bartleby como bien lo ha trabajado el escritor español Enrique Vila Matas en su novela Bartleby y compañía.
Yo me he preguntado si sería preciso abdicar de esta novela intitulada RISA, escrita por mi mano. Mi respuesta es no, no por ahora, sin que antes haga sus estragos, del mismo modo que lo hizo conmigo cuando la escribí. Yo no escribí esta novela por el placer de escribir una novela, o en su defecto su placer estaba ligado a un acto de locura, que cumplía el efecto de liberarme del mundo que me estaba ahogando. Yo, entonces, me he preguntado por las razones que me llevarían a abdicar de esta novela, que no es otra cosa que el miedo a equivocarme como escritor, como creador de un universo simbólico representado en el lenguaje, entonces voy a dar algunas razones:
1. El miedo a que una novela como ésta sea tildada de panfletaria: El realismo Ruso, las dictaduras, la Historia en sí, como advierte Barthes ejercen una poderoso cerco ideológico a las producciones artísticas, crean literaturas políticas. Mi gran temor me asaltó mucho después, cundo pensé que quizá por hacer una novela con una posición que intenta desquebrajar esos cimientos hegemónicos de la política colombiana, se estuviera igualmente cercando la escritura. Sin embargo, Barthes, lo mismo que Bajtin, han advertido que una escritura completamente amodal es imposible, pues toda escritura lleva implícita una evaluación de mundo, una ideología. Yo tengo que decir aquí, siguiendo a Lukács, que la novela es el género del desamparo, veamos cuáles son algunos de esos desamparados:
· Una mujer canta Te busco, canción de Celia Cruz, parada en cualquier esquina de la séptima, y al narrador, uno de los personajes le parece que esa versión de la doble de Celia Cruz, es más real, desesperada y desgarrada. Quizá cantarla en la Habana, o en Miami, en otro contexto tenga otras significaciones, pero en Colombia la desaparición ha sido el verbo rector de la existencia, masacres de campesinos indefensos e inocentes en medio de una guerra en la cual ellos llevan la peor parte; ejecuciones extrajudiciales como las de políticos, sindicalistas, humoristas, periodistas, estudiantes, como si las judiciales fueran legales; falsos positivos o muerte de jóvenes trabajadores, incapacitados mentales que bajo una política de recompensas y ascensos salariales son presentados por los militares como “trofeos” de guerra; secuestro de comerciantes, soldados, sacerdotes, maestros por parte de grupos de paramilitares, terroristas aliados de la ultra-derecha política, y guerrilleros, cómplices también de la ultraderecha, que con sus acciones legitiman una falsa política de Estado llamada “Seguridad Democrática”, que imparten el miedo y el terror entre la población como forma de gobernabilidad y que permiten una política de las emociones, legitiman la manipulación que hoy se hace alrededor de palabras vacías como “la paz”, “el bienestar”, “La justicia social”, banderas de manipulación de la esperanza para los colombianos.
· Ese es en parte del mundo convulso en el que se mueven los personajes. Es el cronotopo histórico de Colombia, del espacio que se dibuja en ella.
· Una historia escéptica y trágica como la del personaje Futuro Jorge Eliecer, un joven sobreviviente del exterminio del resguardo de hombres valiosos. Un Futuro ciego, alguien que se saca un ojo, una posición radical y trágica, desde la cual se quiere escapar a la barbarie que nos habita.
· Un personaje que se escapa del país para huir de los propios colombianos, pero que ya en España se encuentra irónicamente, no solo con la pobreza física en las Barranquillas de España, sino con la pobreza mental. Un ser humano que subvierte los valores morales de la sexualidad, que hace un doctorado trabajando como “chapero”, pero que al final siente la necesidad de resguardarse en su país, en su casa, pese a todo.
· Una mujer, Marinita, un ser esquizofrénico que intenta escapar a su pasado, desdoblándose intentando ser otro. Una mujer que huye de sí misma tras el supuesto asesinado un hombre estadounidense.
· Un colectivo de jóvenes que tratan de unir sus fuerzas para levantar sus voces en contra de la barbarie del Estado, que esbozan formas de reconstruir una historia, y hacer un proyecto imposible, fragmentado. Seres humanos que buscan su sentido en esta historia: RISA, (Revolución Intelectual Sin Armas, Revolución Intima…etc)
2. Finalmente, yo hubiera querido hacer una novela de la Risa, como Gargantúa y Pantagruel de François Rebeláis, pues como sabemos, la RISA como categoría novelesca subvierte los discursos oficiales, serios, ortodoxos, verticales, oficiales, apolíneos, conservadores, racionales y asfixiantes, por el contrario, el discurso de la Risa es un discurso de la fiesta, lo dionisiaco, del destronamiento, del mundo al revés, del carnaval, de la emoción y lo dionisiaco. Como digo, me hubiera gustado hacerlo así, sin embargo la novela atestigua que en Colombia la risa ha sido asesinada, como en el caso del humorista Jaime Garzón, y que en la novela aparece como un recuerdo transversal, una imagen que vive a retazos entre sus personajes, un vago recuerdo que finalmente ha sido asechado por la muerte. Un crimen que siempre queda cubierto por un manto de cinismo político, escudado en de esos grupos terroristas que dan muerte a diestra y siniestra, pero que limpian la responsabilidad de los verdaderos culpables. Risa es un intento por construir un mundo utópico en medio de ese universo demoniaco, degradado y perverso que asfixia la vida, la verdad, la razón, la justicia. Quizá en esa utopía que aspira todo personaje novelesco para ser él mismo, quizá ahí se encuentre presente mi compromiso como escritor, que no logra abandonar el de ciudadano, que no logra del todo abandonarse a la sola literatura y que en esta novela no logra reducirla a su inutilidad, al mero placer y el goce, como me gustaría hacerlo en algún momento.
3. Yo no quise hacer una novela plagiaria, que fuera fácil de leer, que contara las historias de matones o “traquetos”, plagiaria, que solo ofreciera un menú espectacular, por el contrario, yo quise hacer la historia de seres anónimos, seres que se novelan, se existencian, se historizan, se biografían como formas de reconstruir un relato fragmentado históricamente.
4. Finalmente, hice una novela de la cual resta tiempo para que yo abdique de ella, de la cual vaya a arrepentirme pronto, porque los hechos reales me demuestran cada día la abyección y postración de nuestro pueblo. Porque su representación es simbólica y apocalíptica, el extermino de la RISA.
Edilson Silva Lévano
Bogotá 7 de abril de 2010.
